Ciudad de México.- El colectivo Diálogo Nacional por la Paz conmemora el 20 de junio el cuarto aniversario de su iniciativa interinstitucional para tejer paz en el país. En esta fecha, se recuerda a los jesuitas y laicos asesinados en Cerocahui, Chihuahua, pero también a las incontables víctimas de violencia, a los miles de desaparecidos, a las familias desplazadas por el crimen organizado, a los comerciantes que sufren la extorsión y a la Casa Común vulnerada por el peculio y la ganancia.
“Es un día para hacer memoria del dolor que nos tiene de pie en cada rincón de México y convocar a todos los sectores de la sociedad a redoblar el esfuerzo para sembrar la paz”, señala el comunicado difundido por los jesuitas. “En el dolor que vive este país, Jesús nos sigue llamando a la construcción de la paz.”
Los participantes del 'núcleo' del movimiendo Diálogo Nacional por la Paz convergen en que "la memoria del dolor tiene aún de pie a México" y por ello, tiene sentido a seguir llamado a sembrar integridad, dignidad y justicia social.
COMUNICADO ÍNTEGRO: 260614-Diálogo Nacional por la Paz- Cuarto Aniversario Construyendo Paz
La convocatoria para conmemorar el cuarto aniversario incluye tres acciones para todo el territorio nacional. La primera es colocar el 20 de junio un listón o banderín blanco en la puerta de cada casa, escuela o lugar de trabajo, como un gesto visible del “compromiso por la paz, el diálogo, la reconciliación o la esperanza”.
La segunda acción es tocar las campanas de las iglesias a las 3:00 p.m. como un llamado a todos los sectores de la sociedad y una renovación del compromiso de formar la comunidad que México necesita.
Finalmente, la tercera es colocar en los altares de las iglesias fotografías de las personas desaparecidas durante las celebraciones del domingo 21 de junio, elevar una oración especial por las familias buscadoras e invitar a adolescentes y jóvenes a presentar las ofrendas, como “signo de una Iglesia que reconoce su lugar y los acompaña en la construcción de esperanza”.
La violencia encierra a las personas e inhibe la participación social
En el documento, el colectivo -integrado por miembros de la Compañía de Jesús en México, la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Conferencia de Superiores de Religiosos y Religiosas de México- reflexiona sobre los aprendizajes de estos cuatro años: “El gran reto es construir una comunidad responsable y participativa capaz de decidir su propio destino”, afirma. “La violencia encierra a las personas e inhibe la participación social favoreciendo la imposición de proyectos e ideas criminales.” Frente a eso, el camino de la paz, añaden, “implica salir al encuentro de los demás para sanar, participar y tener un criterio propio” y se construye “de manera comunitaria con la gran diversidad de actores sociales”.
Identifican además tres tareas centrales para la construcción de la paz. La primera es “sanar la herida de los desaparecidos” con verdad, voluntad política y reparación del daño.
La segunda es “pensar en la juventud abandonada” mediante la atención a sus necesidades y la creación de redes de apoyo.
La tercera es “imaginar la institucionalidad que México necesita” a través de la participación ciudadana. “Hay un reclamo social de ser más partícipes en las instancias que definen lo que somos y queremos”, subraya el texto. “Recuperar la paz exige la creación de espacios de diálogo, donde nos escuchemos y reconozcamos. Si no cruzamos el camino del encuentro será difícil recuperar la paz en nuestra familia, nuestro barrio o ciudad.”
Integridad de candidatos y límites a grupos delictivos
En el marco del cuarto aniversario, los miembros del núclero del DNP se unieron a la demanda social de contar con candidatos o candidatas a puestos de elección popular con integridad como una condición fundamental para construir la paz: “Necesitamos autoridades con libertad para poner límites a los grupos delictivos dentro y fuera de las instituciones”, señala el comunicado. “Sembremos la integridad hoy para hacer posible la paz del mañana.”
La iniciativa forma parte de un ecosistema más amplio de articulación social. El Diálogo Nacional por la Paz surgió en 2022 tras el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, junto con el guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua. Ese crimen impulsó la creación de un movimiento plural que reúne a personas, comunidades e instituciones comprometidas con la paz, la seguridad, la justicia y el fortalecimiento del tejido social.
El primer Diálogo Nacional por la Paz se realizó en 2023 en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Fruto de ese encuentro, se construyó la Agenda Nacional de Paz, un documento que refleja la participación de más de 20 mil personas y 16 instituciones. La agenda prioriza 14 acciones locales para la sociedad civil y siete acciones nacionales dirigidas a los distintos órdenes de gobierno. Hasta la fecha, 300 gobiernos municipales, 10 estatales y el gobierno federal han firmado el “compromiso por la paz”.
Más de 1.200 líderes en el Segundo Diálogo Nacional por la Paz
Del 30 de enero al 1 de febrero de 2026, el ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara, fue sede del Segundo Diálogo Nacional por la Paz. Más de mil 200 líderes sociales, religiosos, académicos, empresariales y representantes de la sociedad civil provenientes de todo el país participaron en este espacio plural de reflexión y acción.
Al inicio del encuentro, Alexander Zatirka, rector del ITESO, advirtió sobre la magnitud de la crisis: “Sabemos que aunque el año pasado hubo una disminución de casos de homicidios dolosos, las cifras se mantienen altas, más de 20 mil muertes violentas por año. Además, el número de personas desaparecidas no ceden y hay territorios de nuestro país que viven en crisis de violencia muy preocupantes, incluidos los grandes centros urbanos”.
Héctor Mario Pérez Villarreal, obispo auxiliar de México y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, explicó el sentido de la convocatoria: “Estamos aquí porque México continúa el dolor que seguimos sufriendo todos ante la violencia. Pero también estamos aquí porque existimos personas en México que todavía creemos en la paz”. Reconoció el desgaste social: “Estamos aquí porque a pesar del cansancio, el miedo, la rabia que se va acumulando, hay impotencia, hay todas las ausencias que rasgan, hieren nuestro corazón”. Sin embargo, sostuvo una certeza: “La certeza de que la violencia no puede ser nuestro destino final”.
Luis Gerardo Moro Madrid, entonces prepósito provincial de la Compañía de Jesús en México, advirtió sobre las exigencias del camino: “Este es un trabajo que nos va a exigir perseverancia cuando ya no haya reflectores y cámaras. Va a exigir coherencia cuando nadie se esté mirando. Nos va a exigir coraje cuando construir la paz no sea tema de moda. Cuando lo critiquen, cuando nos digan ingenuos, idealistas, cuando nos persigan”.
Tres claves para la paz: Estado colectivo, juventudes excluidas y herida de desaparecidos
El Segundo Diálogo Nacional por la Paz concluyó a inicios del 2026 con la lectura de un manifiesto que estableció tres principios fundamentales: “El Estado somos todas y todos, y la paz exige acuerdos colectivos desde lo local, esto implica la conversión de quienes lucran con la violencia y quienes permanecen indiferentes ante ella.”
El segundo principio señala: “Es urgente construir un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y vulnerables, y ahí es importante escucharlos y construir junto con ellos.” El tercero afirma: “No será posible una nueva convivencia sin atender y sanar la herida de las personas desaparecidas y acompañar de manera prioritaria a las víctimas de la violencia”.
En la conferencia inaugural, el académico Mauricio Merino recordó que desde 2007 México ha registrado más de 550 mil homicidios, 136 mil personas desaparecidas y cerca de 400 grupos criminales, cifras que evidencian una crisis prolongada y la normalización del miedo. Frente a ello, señaló que el Estado no es ajeno a la ciudadanía, sino una responsabilidad compartida que exige participación y compromiso colectivo.
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