Argel, Argelia.- El papa León XIV continuó el 14 de abril su viaje apostólico por Argelia con una jornada dedicada a la memoria de san Agustín, el servicio a los ancianos y el encuentro con la comunidad agustiniana. La visita forma parte de la gira africana que el pontífice realiza del 13 al 23 de abril, con escalas también en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
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La jornada comenzó a primera hora cuando el Papa se trasladó al aeropuerto internacional de Argel. A las 9:38 partió hacia Annaba a bordo de un vuelo de Air Algérie, aterrizando a las 10:32, donde fue recibido por autoridades locales.
Oración en Hipona, cuna de san Agustín
Desde el aeropuerto, el pontífice se dirigió al sitio arqueológico de Hipona, la antigua ciudad romana donde san Agustín ejerció como obispo durante más de treinta años. León XIV recorrió las ruinas del complejo y, al final del recorrido, depositó una corona de flores en memoria del santo. El gesto estuvo acompañado por el canto de una coral local.
El Papa se recogió en oración en este lugar emblemático para la historia del cristianismo en el norte de África, en un gesto que subraya la continuidad entre la tradición patrística y la vida actual de la Iglesia.
'Aquí habita Dios', no con los soberbios
Tras la parada en Annaba-Hipona, el Papa se trasladó a la casa de acogida de las Hermanitas de los Pobres, donde fue recibido por la superiora de la comunidad. En la sala principal se reunió con unas cuarenta personas atendidas en el centro, junto a las religiosas y trabajadores.
Durante el encuentro intervinieron el arzobispo emérito de Argel, Paul Desfarges, y un residente musulmán, antes del saludo del pontífice: “Estoy contento porque aquí habita Dios, porque donde hay amor y servicio, allí está Dios”, afirmó León XIV en su intervención.

El Papa agradeció la labor de las religiosas y del personal, y destacó que este tipo de lugares mantienen viva la esperanza en medio de un mundo marcado por conflictos e injusticias. También hizo referencia al testimonio compartido durante el encuentro:
“El corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes”.
“El Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza!”, añadió.
Con los hijos de San Agustín
Tras saludar personalmente a los ancianos, el pontífice se trasladó a la casa de la comunidad agustiniana, donde mantuvo un encuentro privado con los miembros de la orden y compartió el almuerzo con ellos. La jornada en Annaba quedó así marcada por tres momentos: la memoria de san Agustín en Hipona, el encuentro con los ancianos atendidos por las Hermanitas de los Pobres y el contacto con la familia agustiniana, en una línea que une tradición, servicio y vida comunitaria.
Por la tarde, a las 15:30, el Papa celebró una misa en la Basílica de San Agustín de Annaba. En su homilía, el pontífice retomó el pasaje del Evangelio de Juan sobre Nicodemo y el llamado a “renacer de lo alto”:
“La Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador”, comenzó León XIV. “Las palabras de Cristo tienen toda la firmeza de un deber: ¡deben renacer de lo alto! Tal imperativo resuena en nuestros oídos como un mandato imposible. Escuchando con atención a Aquel que lo da, comprendemos, sin embargo, que no se trata de una dura imposición, ni de una coacción o, menos aún, de una condena al fracaso”.
El Papa citó a san Agustín: “Dame lo que mandas y manda lo que quieras” (Confesiones, X, 29, 40). Y añadió: “No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo”.
Dirigiéndose a los cristianos de Argelia, el pontífice les pidió: “Permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven”.
“Su presencia en el país trae a la mente el incienso: un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas”, añadió.
La etapa argelina del viaje africano ha sido emotiva para el pontífice que visitó Argelia en dos ocasiones anteriores (2003 y 2014) como prior general de la orden agustiniana. El 15 de abril continuará su gira hacia Camerún, la segunda etapa de un recorrido que lo llevará también a Angola y Guinea Ecuatorial hasta el 23 de abril.
Al concluir la homilía, el Papa expresó su gratitud a las autoridades civiles argelinas “por la cordial hospitalidad que he recibido y por la atención con la que han contribuido al buen resultado de mi visita a Argelia”. Consideró este viaje como “un don especial de la Providencia de Dios; un don que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido otorgar a toda la Iglesia”.
“Dios es Amor, es padre de todos los hombres y de todas las mujeres. Dirijámonos a Él con humildad y confesemos que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo”, concluyó el pontífice. “Necesitamos de Él, de su misericordia. Sólo en Él encuentra paz el corazón humano y sólo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, recorrer los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión”.
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